
Una
Breve Historia de la Cinematografía Mexicana
(Por Adam M. Valdez, CEO—Oxxo Films)
Si bien en recientes años películas tales como Como
agua para chocolate, Amores perros Y tu mamá también han
atraído atención internacional, muchas personas desconocen que
México ha producido películas por más de un siglo.
Ya
en 1896 representantes de la compañía francesa Lumiere estaban en
México exhibiendo sus películas y rodando escenas mexicanas para agregar
a su catálogo. Pocos años después, algunos mexicanos como
Salvador Toscano, Ignacio Aguirre, Enrique Rosas, los hermanos Alva y los
hermanos Stahl comenzaron produciendo sus propias películas de corto
metraje (principalmente perspectivas documentales), aunque Toscano filmó
películas de ficción tan temprano como 1899. De cualquier modo,
no fue sino hasta 1916 que la primera película de largo metraje fue
producida, el drama histórico 1810, o ¡Los libertadores
de México!
La industria del cine mudo nunca se desarrolló en México,
impedido por el subdesarrollo general del país entero y por la revolución,
lo que interrumpió la estructura social de la nación por cerca de
una década. Individuos o compañías pequeñas
producirían una o dos películas, pero menos de 100
películas fueron rodadas durante esta era. Una de las películas
mexicanas más exitosas del cine mudo fue El automóvil gris
(1919), sobre una pandilla de bandidos temerarios (esta película fue
reestrenada en los años 30 agregándole una pista de sonido)
Entre las pocas películas de este período que todavía
existen podemos mencionar Tepeyac (1917) y la primera adaptación
al cine de Santa (1918). La producción nacional esparcida de
películas no indica que la audiencia mejicana estaba desinteresada en el
cine – sus necesidades fueron satisfechas ampliamente por las producciones de
cine de las compañías americanas con sucursales en México. Para
mediados de los años 20, las producciones de Hollywood respondían
por el 97% del total de las películas que se exhibían en México.
Pero la llegada del sonido al cine tuvo un serio efecto en el
dominio de Hollywood en las proyecciones mundiales. De repente, una gran parte
del mundo no podía entender las películas en inglés. Subtitular
y doblar fueron una respuesta y por un tiempo hubo un intento de producir
versiones “alternativas” de las películas de Hollywood, habladas en
varias lenguas extranjeras. Ninguno de esos métodos fue completamente
satisfactorio. Así que, la llegada del cine sonoro pareció ser
una oportunidad dorada para el cinema nacional, especialmente en los
países de habla no inglesa. Desafortunadamente, México estaba en
desventaja desde el comienzo: su industria doméstica del cine era virtualmente
inexistente, tenía mínimos recursos técnicos para la
producción de películas con sonido y la carencia de una
agrupación significante de técnicos y de actores de cine entrenados.
La
primera película con sonido producida en México fue Más fuerte
que el deber (1930), dirigida por Raphael J. Sevilla, usando 50,000 pies de
existencia de materia prima que le fue dada por la Warner Brothers en Hollywood,
donde él había trabajado como asesor técnico. Únicamente seis películas
fueron filmadas en México en 1932, pero en 1933 la “industria” creció
considerablemente. 21 películas fueron producidas y para finales del
año, había tres estudios funcionando con un estimado de 200 a
300 personas involucradas en la producción cinematográfica mexicana.
A pesar del continuo crecimiento de la producción anual y el avance en
la calidad técnica de las películas mexicanas, la industria estaba
todavía lejos de ser fuerte. De cualquier modo, no hubo una verdadera
“industria” del cine mexicano, por lo menos en el significado de la palabra
“industria” en Hollywood. Los “estudios” eran instalaciones rentadas, abiertas
a algún productor que pudiera pagar sus tarifas. Había poca
compañía productora, de haber alguna, ocupaba en un horario
regular en la producción de películas.
La
mayoría de las primeras películas con sonido fueron melodramas
además de algunos pocos temas históricos incluyendo
películas sobre la revolución. Allá en el Rancho
Grande (1936) no fue la primera película ranchera producida,
pero ayudó a definir el género con sus escenarios coloridos y sus
costumbres, su considerable énfasis en la música y en los temas de
familia y honor personal como lealtad y orgullo, demostrando ser aceptable
particularmente para la audiencia de centro y sur América. Después del éxito
de Allá en el Rancho Grande, el género ranchero
floreció por unos cuantos años y podría ser revivido
periódicamente en las próximas décadas presentando estrellas como
Jorge Negrete, Pedro Infante, Luis Aguilar y Demetrio González.
Otras
películas notables de los años 30 incluyeron Vámonos
con Pancho Villa, la segunda versión de Santa, La mujer del
Puerto y El compadre Mendoza. Varias estrellas perdurables aparecieron
durante esta década, tanto así que nombres de futuros artistas tales
como Mario Moreno “Cantinflas”, Arturo de Córdova, Pedro
Armendáriz y Jorge Negrete hicieron sus comienzos en el cine.
Aunque
al final de la primera década del cine sonoro en México, la industria
cinematográfica había hecho grandes avances, particularmente en
el área técnica y había abierto sus mercados en el hemisferio
oeste, la industria todavía estaba dominada extensamente por productores
pequeños cuyas producciones eran esporádicas, dependiendo
grandemente el estreno de cada nuevo proyecto de cine, en éxito financiero del
proyecto anterior. A pesar de la naturaleza inestable de la producción
cinematográfica en México, entre 1930 y 1940, se produjeron aproximadamente
260 películas (este número incluye algunas películas
hechas en Tijuana y en otras localidades fuera de la Ciudad de México),
más que en Argentina (214) o en España (196), los otros
países de habla hispana con una industria cinematográfica significante.
A
comienzos de los años 40, la situación política mundial
trajo beneficios al cine mexicano: España y Argentina enfrentan la
represión en la exportación de sus películas a los
países aliados o pro aliados, mientras que los Estados Unidos provee
activamente a México con asistencia técnica y materia prima para la filmación.
La producción anual en México inició un incremento constante y
hubo un cambio claro en los tipos de películas que se venían
produciendo, substituyendo temas de “folklóricos” a “cosmopolitas”. Los
actores y técnicos de España vinieron a México, el reconocido
líder mundial del cine en la lengua hispana. Virtualmente de la noche a
la mañana, la industria del cine mexicano avanza décadas. Un indicador
del avance de la industria durante la primera mitad de la década es evidente en
la producción anual total que aumentó de 36 películas en
1939 a 82 producciones en 1945.
En
los años 40 se divisó en realidad la “Época de Oro” del
cine mexicano, un período en que México dominaba la producción
mundial del cine en español. Muchas de las mejores películas de
los grandes directores de México tales como -- Juan Bustillo Oro, Fernando de
Fuentes y Emilio Fernández – fueron hechas en esta década y el nivel
técnico del cine mexicano igualó o sobrepasó al del resto del
mundo. Las películas eran hechas en una amplia variedad de géneros y
estilos. El sistema estrella también evolucionó, con rostros nuevos
como los de María Félix, Pedro Infante, Germán Valdés “Tin Tan”,
Dolores del Río y Ninón Sevilla uniéndose a Cantinflas, Arturo de
Córdova y Jorge Negrete en la estimación del público.
La
mayoría de las excelentes películas fueron producidas durante la
“Época de Oro” – Ahí está el detalle con
Cantinflas, María Candelaria (reuniendo al director Emilio
“Indio” Fernández con Dolores del Río y Pedro Armendáriz),
Ninón Sevilla en Aventurera y Los tres García (un
primer éxito de Pedro Infante) por mencionar unas cuantas.
Compañías establecidas como Filmex y CLASA produjo
múltiples películas cada año, simulando el modelo de
Hollywood.
Así
que, a primera vista, en los años 40 la industria cinematográfica
mexicana pareció haber resuelto muchos de los problemas que estaban
enfrentando al final de la primera década de la producción del cine
sonoro. Sin embargo, la situación no fue enteramente favorable. Cuando
la segunda guerra mundial terminó, muchas de las ventajas que la
industria del cine había disfrutado desaparecieron. La industria del
cine español y argentino comenzó un proceso lento de recuperación.
Lo más importante, el fin del racionamiento de la materia prima de los
tiempos de guerra permitió a Hollywood comenzar de nuevo sus intentos de
conquistar el mercado mundial del cine. Estos desarrollos posguerra no
pudieron quitarle los avances técnicos hechos por el cine mexicano, y por lo
menos algunos de los mercados de América Latina que México había
capturado permanecieron leales al cine mexicano. La producción anual,
después de la caída de 1946 a 1947, incrementó una vez
más, alcanzando por primera vez en 1949 la cantidad de 100
películas.
La
tendencia “cosmopolita” en el contenido de las películas mexicanas
disminuye significantemente mientras las películas rancheras
hacen su regreso al final de la década junto con los familiares melodramas
románticos y las películas de cabareteras (damas de la
vida nocturna baja en la gran ciudad). No obstante, las películas eran
hechas de muchos géneros, incluyendo películas de vaqueros, de comedias,
de aventuras rodadas en sitios exóticos, dramas deportivos y mucho
más.
La
industria fue en declive gradual durante los años 50 y 60, a pesar de
que la producción anual total se mantuvo alta. Muchos de los problemas
pudieran estar afiliados al sistema de distribución y exhibición
en México. El cine mexicano estaba en una clara desventaja incluso en su
propio país y los intentos por rectificar esta situación
encontraron resistencia de aquellos que controlaban los teatros. La ley de la
industria del cine de 1949 contenía una cláusula estableciendo
que el gobierno determinaría el número de días de cada
año en que los teatros en el país deberían dedicar a la
exhibición de películas producidas en México; una revisión
de la ley en 1952 estableció la cuota de exhibición a no menos
del 50% para películas “nacionales”. Sin embargo, la ley fue
considerada inaplicable debido a la presión extrema ejercida por el
monopolio que controlaba la mayoría de los teatros de México y que
prefería las películas de Hollywood. La falta de horario de
proyección disponible para las películas mexicanas
contribuyó al sistema de enlatamiento (literalmente
"enlatado"), por medio del cual las películas mexicanas
eran arrinconadas indefinidamente – no por la censura o por razones de calidad
– sino simplemente porque las producciones extranjeras (la mayoría de
Hollywood) saturaron los teatros mexicanos. Los productores del cine mexicano
no podían recuperar sus inversiones mientras sus películas
estuvieran guardadas en un estante.
En
1955 la industria del cine trató un nuevo cambio de política:
hacer cine más atractivo a las audiencias, pocas pero importantes
películas fueron producidas. El costo promedio de producir una
película aumentó, 19 películas fueron rodadas a color y 4
fueron hechas con el proceso de pantalla panorámica. En 1956, se
rodaron 45 películas a color, casi la mitad de su producción.
A
pesar de estos esfuerzos, la industria continuaba teniendo un estado financiero
precario. Aún así, muchas de las películas producidas
durante esta década fueron de entretenimiento y refinadas. Luis Buñuel,
un inmigrante de España, dirigió numerosas obras mundiales del
cine, incluyendo Los olvidados, Él y Ensayo de un
crimen. Otros productores de cine, incluyendo Roberto Gavaldón y
Alejandro Galindo continuaron sus carreras comenzadas en décadas anteriores e
hicieron películas excelentes tales como En la palma de tu mano
y Espaldas mojadas. El cine comercial era todavía “el pan de cada
día” de los productores mexicanos, si bien incluía los melodramas
con las figuras estelares de Marga López y Libertad Lamarque y las
comedias con Tin-Tan y Adalberto Martínez “Resortes”. Con Ladrón
de cadáveres (1956) y El vampiro (1957) comienza una cadena
de películas de horror que permaneció popular hasta bien entrada
la siguiente década.
En 1960
el Banco Cinematográfico manejado por el gobierno interrumpió el
largo y antiguo “monopolio” de exhibición, comprando la parte de los
propietarios de la cadena de teatros más grande del país; el
banco cinematográfico adquirió también (en 1959) el control de
las instalaciones de los estudios Churubusco (más tarde el gobierno
también tomó a Estudios América). Sin embargo, la situación
respecto a la distribución y exhibición de las películas
mexicanas no mejoró drásticamente.
Con
la inauguración de los Estudios América en 1957, se inició un
flujo constante de producción de películas de géneros populares.
Desde los finales de los años 50 y durante los años 60,
películas de vaqueros, de lucha libre (con figuras estelares de
luchadores enmascarados como El Santo y Blue Demon) y de comedias
constituían una vasta porción de la producción total anual.
Naturalmente aún se producían películas “serias” y en la
segunda mitad de los años 60, a la llamada “nueva ola” de jóvenes
productores de cine – entre ellos Alberto Isaac, Arturo Ripstein y Felipe
Cazals – por primera vez, les fue dada la oportunidad de dirigir. Esto lleva a
producciones notables tales como Los caifanes, Las visitaciones del Diablo
y En este pueblo no hay ladrones. Sin embargo, la mayoría de las
películas rodadas en la década fueron dirigidas a la audiencia
común y figuraron como estrellas actores como Eulalio González
“Piporro”, Mauricio Garcés, Javier Solis, Antonio Aguilar, El Santo y
jóvenes cantantes de música popular incluyendo a Julissa, Enrique
Guzmán, y César Costa. La vieja guardia de artistas populares de la
“Época de Oro” había desaparecido, estaban inactivos o reducidos
a papeles de reparto – “Cantinflas” trabajaba sólo
esporádicamente, sus películas fueron desdeñadas
universalmente por las críticas pero aún populares con el
público; María Félix hace su última película en
1970; Arturo de Córdova, Pedro Armendáriz, Pedro Infante y Jorge
Negrete, todos, habían desaparecido.
En
la década de los años 70 se vieron muchos cambios grandes en la
industria del cine mexicano, particularmente en sus relaciones con el gobierno
de México. La industria del cine no estaba nacionalizada pero por un
período de casi 4 años, el gobierno no solo controló las
instalaciones de los estudios, la distribución y la proyección,
sino que también se convirtió en un productor predominante de
películas principales.
Luis
Echeverría Álvarez asumió la presidencia de México en
diciembre de 1970 y bajo su administración comenzó una verdadera
“nueva ola” de la producción del cine mexicano. El hermano de
Echeverría fue nombrado jefe del Banco Cinematográfico. Rodolfo
Echeverría había sido un actor profesional de cine por muchos
años (bajo el nombre de Rodolfo Landa) y fue el antiguo director de ANDA,
el sindicato de actores. Por primera vez en muchos años, hubo un
incremento significativo de producciones con temas serios e incluso
políticos: los directores jóvenes de la “nueva ola” (y algunos de
los compatriotas veteranos) aprovecharon el liberalismo de la administración
de Echeverría para ampliar los temas del cine mexicano. El cine
comercial tradicional persistió, pero estas películas ya no
constituían el 95% de la producción anual. Entonces, las
producciones de méritos perdurables como Canoa, El
castillo de la pureza, El lugar sin límites, y La pasión según Berenice fueron hechas al
lado de películas comerciales prósperas tales como la serie de
Capulina y películas de explotación dirigida al mercado
internacional como Supervivientes de Los Andes y ¡Tintorera!
Sin
embargo, el paso más importante tomado por la administración de
Echeverría fue el del establecimiento de las tres
compañías de producción del gobierno: CONACINE (en 1974)
y CONACITE I y CONACITE II (ambas en 1975). En los siguientes años
estas tres entidades producirían o coproducirían un gran
número de producciones mexicanas importantes de toda clase, desde
películas “serias” hasta comedias y de explotación. 1977 fue
quizás el año culminante en este sistema de producción del
gobierno, con la producción o coproducción de sus tres
compañías de por lo menos 45 películas.
En
1976 José López Portillo se convierte en el presidente ejecutivo de México
y las relaciones de la industria cinematográfica con el gobierno
experimentan cambios más drásticos. López Portillo
nombró a su hermana en el puesto cumbre de la agencia gubernamental
recién creada (RTC) responsable de dirigir los asuntos de radio,
televisión y cine. A más de esto, la administración de
López Portillo disolvió el Banco Cinematográfico (el cual
proveía préstamos a productores) y CONACITE I. A lo que López
Portillo llega al sexenio, la cantidad de películas producidas total o
parcialmente por CONACINE o CONACITE II desciende constantemente.
Si
bien, como siempre, se producían aún películas de mérito
artístico, el cine mexicano de los años 80 estaba caracterizado
abrumadoramente por el cine comercial, particularmente las películas de
acción (frecuentemente relacionadas con contrabando de
narcóticos) y el género de la comedia erótica (basadas en mujeres
ligeramente vestidas y chistes atrevidos). Comediantes como Alfonso Zayas,
Rafael Inclán y Roberto “Flaco” Guzmán, actrices sensuales tales
como Sasha Montenegro y Angélica Chaín y actores sombríos y
temerarios pistoleros como Álvaro Zermeño y Valentín
Trujillo, fueron las caras nuevas del cine mexicano.
Los
asuntos de vanguardia sobre distribución y exhibición permanecieron
desolados para el cine mexicano. En 1983 de las 320 películas exhibidas
en el Distrito Federal: 137 eran producciones de los Estados Unidos y 54 eran
mexicanas. En 1989 únicamente dos películas mexicanas estaban
entre las primeras 10 atracciones de taquilla en la Ciudad de México (7 de las
otras 8 producciones eran de Hollywood). La nueva “ley del cine” de los
años 90 trató de establecer una nueva “cuota” de horario de
proyección en los teatros para las películas mexicanas, pero no
dio resultado.
Otro
fenómeno que comenzó en los años 80 y que continúa
hasta hoy es la producción directa a video y mejor conocidas como video
home. Estas películas filmadas comúnmente en 16 mm – también en
su mayoría películas de comedias y de acción –
ocasionalmente prueban alguna esperanza, pero los presupuestos bajos y
aspiraciones limitadas condenan a la mayoría de esas películas a
la mediocridad. Sin embargo, los videos domésticos sirven un doble
propósito, primero, proveer de trabajo a los actores y técnicos y
segundo, mantener un flujo estable de producto para las tiendas de renta de
videos en México y en los Estados Unidos (un mercado cada vez más
importante)
Al
comienzo de los años 90, hubo algunas señales de cambios
radicales que ocurrirían para bien en la industria del cine mexicano.
El estado precario de la economía de México se traduce en menos interés
del gobierno en la industria cinematográfica. Bajo la presidencia de
Carlos Salinas de Gortari, el gobierno cerró las dos
compañías restantes de producción del estado, CONACITE II
y CONACINE y fusionó dos de las entidades gubernamentales de
distribución. La producción anual de atracciones principales de
teatro cayó precipitadamente, llegando a su punto más bajo entre
1997 y 1998, cuando apenas un poco más de una docena de películas
fueron rodadas cada año (¡el total más bajo desde 1932!).
Desde entonces, ha habido una recuperación en el número de
películas producidas anualmente, aunque los días prósperos
cuando más de 100 películas mejicanas eran producidas cada
año probablemente hayan desaparecido para siempre. IMCINE (el Instituto
del Cine Mejicano) y entidades financiadas por el gobierno tales como FOPROCINE
han destinado algunos fondos para la producción de películas,
aunque estos fondos son generalmente sólo una fracción del
presupuesto de cada película.
De
alguna manera, la industria del cine hoy en día está más
cerca de sus orígenes en los años 30 que de sus años
cumbre en los años cuarenta y cincuenta. La infraestructura de
estudios que se desarrolló durante la “Época de Oro” del cine mexicano
y que colapsó en los años 80, ha sido ampliamente reemplazada por
productores independientes que hacen películas gradualmente, reuniendo
diversos grupos de inversionistas que incluyen universidades, cooperativas,
productores privados, recursos gubernamentales (local, estatal y nacional) y
socios internacionales.
Con
todo, este sistema parece ser capaz de producir ambos, éxito popular y
crítico. Mientras veteranos tales como Jaime Humberto Hermosillo y
Arturo Ripstein continúen dirigiendo, una nueva generación de
productores jóvenes –Alfonso Cuarón, Alejandro González
Iñárritu, Luis Estrada, Carlos Carrera, por nombrar unos pocos –
han producido películas como Amores perros, La ley de Herodes, El
crimen del Padre Amaro e Y tu mamá también que han hecho
dinero y han ganado los aplausos de la crítica.
La industria cinematográfica mexicana se mueve constantemente
de una crisis a otra, pero nunca ha realmente colapsado en ruinas. Las
producciones mexicanas continúan siendo interesantes y aún hay
productores cinematográficos intentando hacer películas de gran
calidad a pesar de los obstáculos que encuentran en sus caminos.